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normale


rallentato


VIII.- El dilema
VIII.- Das Dilemma

Poco a poco y sin saber cómo, se formó alrededor de Andrés una mala reputación;
se le consideraba hombre violento, orgulloso, mal intencionado, que se atraía la antipatía de todos.
Era un demagogo, malo, dañino, que odiaba a los ricos y no quería a los pobres.
Andrés fue notando la hostilidad de la gente del casino y dejó de frecuentarlo.
Al principio se aburría.
Los días iban sucediéndose a los días y cada uno traía la misma desesperanza, la
seguridad de no saber qué hacer, la seguridad de sentir y de inspirar antipatía, en el fondo sin motivo, por una mala inteligencia. Se había decidido a cumplir sus deberes de médico al pie de la letra.

Llegar a la abstención pura, completa, en la pequeña vida social de Alcolea, le
parecía la perfección. Andrés no era de estos hombres que consideran el leer como un sucedáneo de vivir; él leía porque no podía vivir. Para alternar con esta gente del casino, estúpida y mal
intencionada, prefería pasar el tiempo en su cuarto, en aquel mausoleo blanqueado y silencioso. ¡Pero con qué gusto hubiera cerrado los libros si hubiera habido algo importante que hacer; algo como pegarle fuego al pueblo o reconstruirlo! La inacción le irritaba.

Nach und nach und ohne zu wissen wie, bildete sich um Andrés herum ein schlechter Ruf, man betrachtete ihn als aufbrausenden, böswilligen Menschen, der die Antipathie aller anzog.
Er war ein Demagoge, schlecht, schädlich, der die Reichen hasste und die Armen nicht mochte. Andrés bemerkte die Feindseligkeiten der Leute des Klubs und ging nicht mehr hin. Anfänglich langweilte er sich. Die Tage folgten auf die Tage und jeder einzelne brachte die gleiche Verzweiflung mit sich, die Sicherheit, nicht zu wissen, was tun, die Sicherheit, Antipathie zu spüren und einzuflössen, im Grunde genommen ohne Motiv, wegen eines schlechten Verständnisses. Er hatte sich entschieden, seine ärztlichen Aufgaben buchstäblich zu erfüllen. Beim reinen, vollkommenen Verzicht im kleinen Sozialleben von Alcolea anzukommen, schien ihm die Perfektion. Andrés war nicht einer dieser Männer, die das Lesen wie ein Ersatzprodukt fürs Leben betrachten; er las, weil er nicht leben konnte. Um sich von diesen stupiden und böswilligen Leuten des Kasinos zu lösen, zog er es vor, die Zeit in seinem Zimmer zu verbringen, in jenem geweissten und stillen Mausoleum. Aber mit welchem Vergnügen hätte er die Bücher geschlossen, wenn er etwas Wichtiges zu tun gehabt hätte; so etwas wie das Dorf in Brand zu stecken oder es wieder aufzubauen! Die Untätigkeit irritierte ihn.

De haber caza mayor, le hubiera gustado marcharse al campo; pero para matar
conejos, prefería quedarse en casa.
Sin saber qué hacer, paseaba como un lobo por aquel cuarto.
Muchas veces intentó dejar de leer estos libros de filosofía. Pensó que quizá le
irritaban. Quiso cambiar de lecturas. Don Blas le prestó una porción de libros de
historia. Andrés se convenció de que la historia es una cosa vacía.
Creyó como Schopenhauer que el que lea con atención “Los Nueve Libros de
Herodoto”, tiene todas las combinaciones posibles de crímenes, destronamientos,
heroísmos e injusticias, bondades y maldades que puede suministrar la historia. Intentó también un estudio poco humano y trajo de Madrid y comenzó a leer un libro de astronomía, la Guía del Cielo de Klein, pero le faltaba la base de las matemáticas y pensó que no tenía fuerza en el cerebro para dominar esto. Lo único que aprendió fue el plano estelar. Orientarse en ese infinito de puntos luminosos, en donde brillan como dioses Arcturus y Vega, Altair y Aldebarán era para él una voluptuosidad algo triste; recorrer con el pensamiento esos cráteres de la Luna y el mar de la Serenidad; leer esas hipótesis acerca de la Vía Láctea y de su movimiento alrededor de ese supuesto sol central que se llama Alción y que está en el grupo de las Pléyades, le daba el vértigo.
Hätte es Hochwild gegeben, so wäre er gerne auf Land gefahren; aber um Kaninchen zu töten, da zog er es vor, zu Hause zu bleiben. Ohne zu wissen, was er tun sollte, lief er wie ein Wolf in diesem Zimmer umher. Er versuchte oft, mit dem Lesen dieser Philosophiebücher aufzuhören. Er dachte, dass sie ihn vielleicht irritierten. Er wollte die Lektüre wechseln. Andrés überzeugte sich davon, dass die Geschichte eine leere Sache ist.
Er glaubte wie Schopenhauer, dass der, der “Die neun Bücher des Herodot” aufmerksam liest, alle möglichen Kombinationen von Verbrechen, Entthronung, Heldentum und Ungerechtigkeit, Güte und Bosheit hat, die die Geschichte liefern kann. Er versuchte es auch mit einem wenig menschlichen Studium und brachte von Madrid ein Buch über Astronomie mit und begann, es zu lesen, das Handbuch der Astronomie von Klein, aber es fehlten ihm die mathematischen Grundlagen und er dachte, dass er keine Kraft im Gehirn habe, um dies zu beherrschen. Das Einzige, was er lernte, war die Sternenkarte. Sich an diesen unendlichen leuchtenden Punkten zu orientieren, wo Arturus und Vega, Altair und Aldebarán wie Götter leuchteten, war für ihn eine etwas traurige Lust; in Gedanken diese Mondkrater und das Mare Serenitatis zu durchlaufen; diese Hypothesen über die Milchstrasse und ihre Bewegung um diesen Zentralstern, der Alkyon heisst und sich in der Gruppe der Plejaden befindet, machte ihn wahnsinnig.

Se le ocurrió también escribir; pero no sabía por dónde empezar, ni manejaba suficientemente el mecanismo del lenguaje para expresarse con claridad.
Todos los sistemas que discurría para encauzar su vida dejaban precipitados
insolubles, que demostraban el error inicial de sus sistemas. Comenzaba a sentir una irritación profunda contra todo.
A los ocho o nueve meses de vivir así excitado y aplanado al mismo tiempo,
empezó a padecer dolores articulares; además el pelo se le caía muy abundantemente.

—Es la castidad —se dijo.
Era lógico; era un neuroartrítico. De chico, su artritismo se había manifestado por jaquecas y por tendencia hipocondríaca. Su estado artrítico se exacerbaba. Se iban acumulando en el organismo las sustancias de desecho y esto tenía que engendrar productos de oxidación incompleta, el ácido úrico sobre todo. El diagnóstico lo consideró como exacto; el tratamiento era lo difícil.
Este dilema se presentaba ante él. Si quería vivir con una mujer tenía que casarse, someterse. Es decir, dar por una cosa de la vida toda su independencia espiritual, resignarse a cumplir obligaciones y deberes sociales, a guardar consideraciones a un suegro, a una suegra, a un cuñado; cosa que le horrorizaba.
Seguramente entre aquellas muchachas de Alcolea, que no salían más que los
domingos a la iglesia, vestidas como papagayos, con un mal gusto exorbitante, había algunas, quizá muchas, agradables, simpáticas. ¿Pero quién las conocía? Era casi imposible hablar con ellas. Solamente el marido podría llegar a saber su manera de ser y de sentir.

Er kam auch auf den Gedanken, zu schreiben, wusste aber weder, wo er anfangen sollte, noch handhabte er den Schreibmechanismus der Sprache gut genug, um sich klar auszudrücken. Alle Systeme, die er erörtete, um seinem Leben eine bestimmte Richtung zu geben, hinterliessen unlösbare Präzipitate, die den Anfangsirrtum seiner Systeme aufzeigten. Er begann, eine tiefe Irritation gegen alles zu spüren. Nachdem er acht oder neun Monate so gereizt und gleichzeitig so platt gelebt hatte, begann er an Gelenkschmerzen zu leiden und zudem fielen ihm auch noch reichlich Haare aus.
„Es ist die Enthaltsamkeit“, sagte er sich. Es war logisch, es war Neuroarthritis. Als er ein Kind war, hatte sich seine Arthritis durch Migräne und hypochondrische Tendenzen geäussert. Sein arthritischer Zustand verschlimmerte sich. Die Abfallstoffe im Organismus erhöhten sich, und dies musste Stoffe der unvollständigen Oxidation erzeugen, vor allem Harnsäure. Die Diagnose erschien ihm exakt; das Schwierige war die Behandlung. Vor diesem Dilemma stand er. Wollte er mit einer Frau leben, so musste er heiraten, sich fügen. Das heisst, seine ganze geistige Unabhängikeit für eine Sache des Leben aufzugeben, sich in die sozialen Verpflichtungen und Aufgaben zu fügen, Rücksicht auf einen Schwiegervater, auf eine Schwiegermutter, auf einen Schwager zu nehmen, das war etwas, was ihn mit Entsetzen erfüllte. Sicher hatte es unter jenen, wie Papageien gekleideten Mädchen von Alcolea, die nur am Sonntag ausgingen, um in die Kirche zu gehen und einen übertrieben schlechten Geschmack hatten, einige, vielleicht viele, hübsche, sympathische. Aber wer kannte sie? Es war beinahe unmöglich, mit ihnen zu sprechen. Nur der Ehemann könnte erreichen, ihre Wesensart und ihr Fühlen zu verstehen.

Andrés se hubiera casado con cualquiera, con una muchacha sencilla; pero no sabía
dónde encontrarla. Las dos señoritas que trataba un poco eran la hija del médico
Sánchez y la del secretario.
La hija de Sánchez quería ir monja; la del secretario era de una cursilería
verdaderamente venenosa; tocaba el piano muy mal, calcaba las laminitas del “Blanco y Negro” y luego las iluminaba, y tenía unas ideas ridículas y falsas de todo.

 

De no casarse Andrés podía transigir e ir con los perdidos del pueblo a casa de la
Fulana o de la Zutana, a estas dos calles en donde las mujeres de vida airada vivían
como en los antiguos burdeles medievales; pero esta promiscuidad era ofensiva para su orgullo. ¿Qué más triunfo para la burguesía local y más derrota para su personalidad si se hubiesen contado sus devaneos? No; prefería estar enfermo.

Andrés decidió limitar la alimentación, tomar sólo vegetales y no probar la carne, ni el vino, ni el café. Varias horas después de comer y de cenar bebía grandes cantidades de agua. El odio contra el espíritu del pueblo le sostenía en su lucha secreta, era uno de esos odios profundos, que llegan a dar serenidad al que lo siente, un desprecio épico y altivo. Para él no había burlas, todas resbalaban por su coraza de impasibilidad.

Andrés hätte sich mit irgendeiner verheiratet, aber er wusste nicht, wo er sie finden sollte. Die zwei jungen Frauen, mit denen er einwenig Umgang hatte, waren die Tochter des Arztes Sánchez und die des Sekretärs. Die Tochter von Sánchez wollte Nonne werden; die des Sekretärs war eine mit einem wahrhaftig bösartigen Getue; sie spielte sehr schlecht Klavier, kopierte die kleinen Plättchen von „Schwarz und Weiss“, und später malte sie sie aus und sie hatte lächerliche und falsche Vorstellungen von allem. Wenn sich Andrés nicht verheiratete, könnte er mit den Verlorenen des Dorfes tolerant sein und zum Haus von Fulana oder Zutana gehen, zu diesen zwei Strassen, wo die Frauen mit liederlichem Leben wohnten wie in den alten mittelalterlichen Bordellen; aber diese Promiskuität war für ihn beleidigend. Gäbe es einen grösseren Triumph für die lokale Bourgoisie und eine grössere Niederlage für seine Persönlichkeit, wenn sie sich seine Liebeleien erzählt hätten? Nein; er zog es vor, krank zu sein. Andrés entschied, seine Ernährung einzuschränken, nur Gemüse zu essen und weder Fleisch, noch Wein, noch Kaffee zu kosten. Mehrere Stunden nach dem Mittag- und Abendessen trank er grosse Mengen von Wasser. Der Hass gegen den Dorfgeist unterstützte ihn in seinem geheimen Kampf; es war ein tiefer Hass, der dem, der ihn fühlt, eine Gelassenheit und eine epische und stolze Verachtung verleiht. Für ihn gab es keinen Spott, der glitt am Panzer der Unempfindlichkeit ab.

Algunas veces pensaba que esta actitud no era lógica. ¡Un hombre que quería ser de
ciencia y se incomodaba porque las cosas no eran como él hubiese deseado! Era
absurdo. La tierra allí era seca; no había árboles, el clima era duro, la gente tenía que ser dura también. La mujer del secretario del ayuntamiento y presidenta de la Sociedad del Perpetuo Socorro, le dijo un día:
—Usted, Hurtado, quiere demostrar que se puede no tener religión y ser más bueno
que los religiosos.

—¿Más bueno, señora? —replicó Andrés—. Realmente, eso no es difícil.
Al cabo de un mes del nuevo régimen, Hurtado estaba mejor; la comida escasa y
sólo vegetal, el baño, el ejercicio al aire libre le iban haciendo un hombre sin nervios. Ahora se sentía como divinizado por su ascetismo, libre; comenzaba a vislumbrar ese estado de “ataraxia”, cantado por los epicúreos y los pirronianos. Ya no experimentaba cólera por las cosas ni por las personas.
Le hubiera gustado comunicar a alguien sus impresiones y pensó en escribir a
Iturrioz; pero luego creyó que su situación espiritual era más fuerte siendo él sólo el
único testigo de su victoria.

Manchmal dachte er, dieses Verhalten sei nicht logisch. Ein Mann, der einer der Wissenschaft sein wollte und sich darüber ärgerte, dass die Dinge nicht so waren, wie er sie sich wünschte! Das war absurd. Die Erde dort war trocken, es gab keine Bäume, das Klima war hart, die Leute mussten auch hart sein. Die Frau des Sekretärs des Ratshauses und Präsidentin der Sociedad del Perpetuo Socorro (Gemeinschaft der immerwährenden Hilfe), sagte eines Tages zu ihm:“Sie, Hurtado, wollen beweisen, dass man ohne Religion besser als die Religiösen sein kann.“ „Besser, Señora?”, erwiderte Andrés. “Wirklich, das ist nicht schwierig.” Nach einem Monat der neuen Diät ging es Hurtado besser; das Essen knapp und nur pflanzlich, das Bad, die Bewegung an der frischen Luft hatten ihn zu einem Mann ohne Nerven gemacht.

Ya comenzaba a no tener espíritu agresivo. Se levantaba muy temprano, con la aurora, y paseaba por aquellos campos llanos, por los viñedos, hasta un olivar que él llamaba el trágico por su aspecto.
Aquellos olivos viejos, centenarios, retorcidos, parecían enfermos atacados por el tétanos; entre ellos se levantaba una casa aislada y baja con bardales de cambroneras, y en el vértice de la colina había un molino de viento tan extraordinario, tan absurdo, con
su cuerpo rechoncho y sus brazos chirriantes, que a Andrés le dejaba siempre sobrecogido.
Muchas veces salía de casa cuando aún era de noche y veía la estrella del
crepúsculo palpitar y disolverse como una perla en el horno de la aurora llena de resplandores. Por las noches, Andrés se refugiaba en la cocina, cerca del fogón bajo. Dorotea, la vieja y la niña hacían sus labores al amor de la lumbre y Hurtado charlaba o miraba arder los sarmientos.
Nun hatte er keinen agressiven Geist mehr. Er stand sehr früh auf, mit der Morgenröte, und spazierte über jene ebenen Felder, durch die Weinberge, bis zu einer Olivenbaumpflanzung, die er wegen ihres Aussehens, die Tragische nannte. Jene alten, hundertjährigen, verkrüppelten Olivenbäume schienen Kranke zu sein, die vom Tetanus befallen waren; unter ihnen erhob sich ein abgelegenes und niedriges Haus mit einer Bocksdornhecke und auf der Hügelspitze hatte es eine so aussergewöhnliche, so absurde Windmühle mit ihrem rundlichen Körper und ihren quietschenden Armen, die Andrés immer zusammenfahren liess. Oft verliess er das Haus selbst wenn es Nacht war und sah den Abendstern aufblitzen und sich auflösen wie eine Perle im Ofen der glanzvollen Morgenröte. Nachts suchte Andrés in der Küche in der Nähe des niederen Herds Zuflucht. Dorotea, die Alte und das Mädchen verrichteten ihre Handarbeiten am Kaminfeuer und Hurtado plauderte oder sah dem Brennen des Rebholzes zu.






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